Semanario Digital - La Rioja, Miercoles 22 de Mayo de 2013
Año 7 - Edición 353
Desvelada por los libros

La literatura como puente

Reproduzco un fragmento del texto de la conferencia que la escritora María Teresa Andrueto brindó en el Cabildo de la ciudad de Salta (Argentina) el viernes 8 de junio de 2012, dentro del marco del Programa de Animación a la Lectura “Leer es lo más”, de Editorial Comunicarte.

Una obra es el espacio donde se encuentran —en el momento único que ofrece la lectura— quien escribe y quien lee, dos subjetividades a veces de distintos siglos, de distintas culturas, de distintas lenguas. Escuchar la voz, el grito, el susurro, el dolor o el asombro de una cortesana de la dinastía Tang, un funcionario del siglo de Pericles, un campesino maya k´iché, una solterona norteamericana del siglo diecinueve o una aristócrata rusa de comienzos del siglo veinte, es un encuentro que sólo nos permite el arte.
 
Leemos en nuestra necesidad de ensimismarnos, pero también porque buscamos intensa, desesperadamente, comunicarnos. Siempre pensé, mientras hacía talleres literarios en instituciones carcelarias, en barrios o geriátricos y también en estos últimos años, mientras escribo en mi casa, que las palabras y los libros no son importantes por sí mismos, sino porque a un extremo y al otro de lo escrito o leído hay personas que se encuentran.
 
Los libros son puentes entre personas, puentes para “aprender a pisar, a sostenerse”, como dice la poeta Circe Maia. La literatura no es sólo un conjunto de palabras colocadas en armonía sobre la página, es también pensamiento, utiliza para ser la más compleja construcción social, que es el lenguaje, e intenta, cavando en esa tierra de todos, edificar una lengua privada. Por eso ésta, como todas las artes pero todavía más, es al mismo tiempo íntima y social, lo es en sus ideas, pero más aun en el modo en que utiliza el lenguaje, que es un bien de todos, y en la manera en que eso que es de todos se refleja en la subjetividad individual.
 
Así el cosmos de significación personal que construimos al escribir y recreamos al leer, se dirige doblemente a la sociedad de donde proviene, porque se construye con un bien social y porque se alimenta de los relatos que esa sociedad genera, por todo lo cual doblemente nos incluye.
 
Lo verdadero y lo ficcional se funden en los procesos de creación de una obra. Una novela, por ejemplo, es una mentira que construimos para decir una verdad que todavía no conocemos, una verdad más verdadera que la verdad. Todo está ahí en el mundo, listo para ser arrebatado: nuestra experiencia y la de otros acerca de cada cosa. El arte se alimenta, se apropia podríamos también decir, de eso que está ahí y es de todos. La apropiación que hace la literatura sobre el patrimonio común, el lenguaje, regresa más tarde o más temprano por sus cauces y nos pide que volvamos la cabeza hacia los otros. Nos pide que miremos, que escuchemos, con atención, con persistencia, con imprudencia, con desobediencia, no para dar respuestas sino para generar preguntas. Un escritor es como “un perro oliendo las huellas que el mundo deja”, dice el cineasta Alexandre Kluge, alguien que, con cierto olfato, emoción y mucho amor por el detalle, imagina lo que pudo haber sido.
 
Selección de texto: Alicia Carreño
Redacción DataRioja
27/ 07/ 2012
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